Este sentimiento me destruye... lenta y dolorosamente.
Destruye todo resquicio de felicidad que pueda empezar a florecer ahuyentando todo lo bueno que pueda haber.
Mi peor enemigo, mi peor demonio soy yo misma. Lo sé.
Un mes... cuatro semanas... treinta días... ese es el tiempo que he estado burlando al insomnio forzado ¿y para qué? Para al día siguiente seguir 'burlando' lo que la realidad no quiere que sea.
Y ya ni escribir puedo: todo acaba, para bien o para mal, todo acaba.
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